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Desde generaciones atrás, la familia siempre estuvo dedicada al cultivo del cacao. Año tras año, sus padres cosechaban con esfuerzo y vendían el grano a los comerciantes locales, como era costumbre en la zona. Era un trabajo constante, arraigado en la tierra y en la tradición, pero con ingresos limitados.
Con el tiempo, y tras el fallecimiento de sus padres, llegó un momento de reflexión. Ya con su propia familia que sostener, comprendió que vender el cacao únicamente por quintales no era suficiente para cubrir las necesidades del hogar. Fue entonces cuando tomó una decisión importante: darle valor agregado al cacao Chuncho, el mismo que había acompañado a su familia durante generaciones.
Así comenzó una nueva etapa. Aprendió, invirtió y transformó la manera de trabajar el cacao. Ya no solo se vendía en grano, sino en forma de productos con identidad: derivados como pasta de cacao, manteca, polvo, bombones y otros. Este cambio no solo representó una mejora económica, sino también un reconocimiento al esfuerzo y a la calidad de su producción.
Transformar el cacao Chuncho en productos con valor agregado que reflejen calidad, tradición y esfuerzo, generando un sustento digno para mi familia y promoviendo el desarrollo local desde la comunidad de origen.
Posicionar a Villamina como una marca reconocida por la excelencia de sus derivados de cacao Chuncho, preservando el legado familiar y contribuyendo al crecimiento sostenible del sector cacaotero en la región.